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miércoles, 6 de mayo de 2020

LA ENSEÑANZA DE LAS HABILIDADES MOTRICES

Para Díaz Lucea (1999) es posible confundir los términos de habilidad, tareas o destreza motriz. La confusión terminológica que existe en la actualidad, hace que sean utilizados de forma indistinta por muchos autores, refiriéndose en ocasiones a la misma idea. No obstante, estos términos representan un concepto distinto y designan aspectos concretos y diferentes de la motricidad. Definiremos cada uno de ellos estableciendo la relación que existe entre los mismos eliminando cualquier tipo de confusión.

Durand (1988) en Ruiz Pérez (1994) realiza la definición más aceptada de habilidad motriz “competencia adquirida por un sujeto para realizar una tarea concreta. Se trata de la capacidad para resolver un problema motor específico, para elaborar y dar respuesta eficiente y económica, con la finalidad de alcanzar un objetivo previsto. Es el resultado de un aprendizaje, a menudo largo, que depende de sus capacidades para transformar su repertorio de respuestas”

La tarea motriz no es igual a ejercicio, la tarea posee connotación didáctica ya que su enunciado encierra unas consignas referentes al objetivo que con ella se pretenden conseguir. Una definición aceptada de de tarea motriz que realiza Díaz Lucea (1999) es “la identificación del trabajo motriz a realizar para alcanzar un objetivo así como las condiciones en que éste deber ser realizado”.

Otra definición de tarea es la establecida por Famose (1993) como actividad organizada que realiza el alumno y cuya ejecución tienen como finalidad la consecución de habilidades y destrezas motrices.

Por tanto, la tarea motriz es la concreción máxima del currículo o de los contenidos de enseñanza estando por debajo de los objetivos didácticos.

Relacionando todos los conceptos vistos, podemos afirmar que mediante la práctica de una o varias tareas motrices se produce aprendizaje motor lográndose aprender o aumentar una habilidad motriz.  

En definitiva, como docentes de educación física debemos de optimizar el proceso de enseñanza-aprendizaje, atendiendo a la realidad pisco-social y piso-biológica del alumno. Es decir, plantearemos tareas de relevancia social, con dificultad progresiva, alto componente lúdico, polivalentes y novedosas, ajustándolas en todo momento, al nivel y a las características del alumno (estado madurativo, inteligencia motriz, motivación, experiencia...), con el objetivo de estimular al alumno, generando un ambiente agradable y de confianza que se traducirá en un aprendizaje significativo de las mismas.


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