Como profesionales del ejercicio, un aspecto en el que nos debemos de centrar en nuestras sesiones de entrenamiento y durante la temporada deportiva, es en la prevención de lesiones.
La producción de una lesión musculo-esquelética desde el ámbito de la biomecánica, se entiende como un excesivo estrés soportado por nuestras estructuras anatómicas que supera la tolerancia de los tejidos dañados.
En este sentido, existen diferentes modelos (Bahr & Krosshaug’s, 2005), (Meeuwisse et al.,2007) o (Windt & Gabbett, 2016) que han intentado explicar y comprender el mecanismos lesional . Estos autores, al igual que cualquier profesional del ejercicio, entienden la etiología de las lesiones como un sistema multifactorial.
De este modo, Windt & Gabbett, (2016) diferencian entre factores de riesgo externos (temperatura, situación del terreno, acciones de los adversarios, equipamiento deportivo…) y factores internos, que a su vez se dividen entre no modificables (edad, sexo, anatomía), y modificables (capacidad aeróbica, control motor, fuerza excéntrica, ROM, composición corporal, factores psicológicos, técnica específica…). Además, estos autores añaden el control de la carga como factor determinante.
Como asevera (Smith, 2003) la carga viene definida por la frecuencia, intensidad y duración, tanto de los entrenamientos como de la competición. Por lo tanto, en base a estos modelos y a multitud de estudios como el realizado por Cross et al., (2016), se puede asegurar que una adecuada carga se relaciona con adaptaciones fisiológicas, mientras que un exceso de carga está asociado a un aumento del riesgo de producirse una lesión. Este hecho, se debe a la afección del sistema neuromuscular, que se traducen en un descenso de la coordinación intra e intermuscular. En esta línea, (Small et al., 2010) investigaron los efectos de la fatiga en un partido de fútbol, en la fuerza de la musculatura isquiosural. Observando perdidas de fuerza en la contracción excéntrica de hasta un 16% entre el momento temporal previo al inicio del partido y el post partido.
Por lo tanto, como educadores deportivos debemos dedicar gran parte de nuestro trabajo en la cuantificación de la carga a la que sometemos a nuestros deportistas, midiendo variables externas e internas tales como la FC, la HRV, las pérdidas de fuerza intrasesión e intersesión, el lactato en sangre, además de analizar las acciones específicas que ejecuta cada deportista en cuanto a tiempo, intensidad y forma (Aceleraciones, desaceleraciones, cambios de dirección, saltos...) a través del uso de pulsometros, encoders, apps como my jump, acelerómetros, GPS e incluso, podemos pasar cuestionarios para medir la percepción de esfuerzo.
Para ello, es muy importante conocer las demandas específicas del deporte y de cada posición, para optimizar e individualizar el entrenamiento, con el objetivo de conseguir que el deportista pueda llegar a los últimos minutos del encuentro, pudiendo realizar acciones con el correcto control neuromuscular, activándose la musculatura implicada en momento, velocidad e intensidad adecuada.
martes, 5 de mayo de 2020
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Prevención de lesiones
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