En la readaptación de lesiones deportivas el objetivo de las mismas es el regreso a la competición “return to play”. Para esto, el deportista y sus estructuras anatómicas, debe estar en condiciones de soporta las demandas específicas de su modalidad deportiva sin problemas (nº de aceleraciones y desaceleraciones, Sprint, saltos cambios de dirección, golpeos…) (Di Salvo et al., 2010; Metral , 2010, Silva , 2016). En consecuencia, las últimas tareas que realizará el deportista antes de competir serán similares a las de la competición en tiempo, intensidad, y forma.
En el diseño del programa de reeducación funcional, debemos incluir aspectos relacionados al qué, cómo, cuanto y cuando incluir las distintas capacidades físicas, para de esta manera, adaptar el tejido de forma progresiva, reestablecer el rendimiento y disminuir el riesgo de recurrencia (Hägglund et al, 2006; Wood et al, 2003; Wood et al, 2004; Arnasson et al 2004; Engebretsen et al, 2010).
En definitiva, en base al tipo de lesión y el deporte, trabajaremos la resistencia y la fuerza, primero de manera general y luego específica a las demandas deportivas (estableciendo objetivos, y controlando carga interna y externa), trabajaremos la agilidad (velocidad, coordinación, reprogramación de patrones y habilidades motrices básicas y específicas), además de trabajar la estabilidad articular (progresando desde acciones estáticas a dinámicas integradas) y la amplitud de movimiento (llegando poco a poco al ROM funcional, en este caso, el propio de la actividad deportiva y de su posición).
En cuanto a la resistencia, decir que este trabajo es necesario desde el primer momento, ya que debemos disminuir en primer lugar, el impacto negativo del reposo tras la lesión, y en segundo lugar, tenemos que adaptar el tejido progresivamente hasta tolerar tasas de esfuerzo específicas. En nuestra programación, progresaremos desde ejercicios, en los cuales el soporte del peso corporal es menor (resistencia en el medio acuático, bici, elíptica), hacia ejercicios con mayor impacto (andar y correr en cinta para pasar en última instancia a terreno específico del deporte) (Alberton et al., 2011; Killgore, 2012; Lu et al., 2007).
Por otro lado y en relación con el entrenamiento de fuerza, decir que este es determinante en la readaptación. El objetivo de este trabajo es restrablecer la activación muscular, los niveles de fuerza y la coactivación previos a la lesión (Hart et al, 2010; Torry et al, 2005). A modo general, la progresión del trabajo de fuerza iría desde un trabajo monoarticular a un trabajo global, cada vez más “funcional” o específico de las demandas deportivas. El tipo de contracción evolucionaría desde isométrica en primer lugar (realizando contracciones con distintas angulaciones) (Jarviven et al, 2005; Roig Pull, 2007), a concéntrica, en último lugar, trabajaríamos las acciones excéntricas, cabe señalar, que antes de todo esto, seguramente tendríamos que realizar movimientos pasivos y activos de la articulación.
En relación a los medios utilizados, podemos decir que pasaríamos de trabajos realizados en máquinas, donde el movimiento esta guiado y la amplitud la podemos controlar. Tras el trabajo en máquinas, pasaríamos a usar “peso libre”, luego introduciríamos elásticos (Serner et al., 2013), y por último, haríamos uso de máquinas inerciales, para centrarnos en el trabajo excéntrico, además de buscar el CEA (ciclo estiramiento-acortamiento), con todos los beneficios que esto conlleva. La velocidad de ejecución evolucionaría de lenta a rápida, y pasaríamos de trabajar la fuerza resistencia con cargas bajas (40%-60% de 1 RM) a F.resistencia cargas altas (60%-80% de 1 RM), para evolucionar al trabajo neuromuscular con cargas elevadas ( 80%-95% de 1 RM), para finalizar con el trabajo balístico, trabajando en la parte de la curva f-v, donde predomina la velocidad. (Kraemer, et al; 2002; Naclerio F, 2008)

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